sábado, 9 de enero de 2010

La Iglesia del estado






Constantino, que solo recibió el bautismo al final de su vida, promovió una política tolerante de integración has¬ta su muerte en 337. Sus hijos, que dividieron el impe¬rio, eran diferentes, especialmente Constancio, señor de oriente. Fue el emperador Teodosio el Grande, un estricto ortodoxo español, quien a finales del siglo IV cristiano decreto la prohibición general de los cultos paganos y los ritos de sacrificio, y acuso a los que contravinieran esas reglas de «lesa majestad» (laesa majes Tas). Ese decreto con¬virtió formalmente al cristianismo en la religión del esta¬do, a la iglesia católica en la iglesia del estado, y a la here¬jía en un crimen contra el estado. ¡Qué revolución! En menos de un siglo la iglesia per¬seguida se convirtió en una iglesia perseguidora. La orgullosa iglesia estatal helenista romana apenas recordaba ya sus raíces judías. La religión cristiana del estado quedó coronada por el dogma de la Trinidad. El credo am¬pliado en este concilio, y por ello llamado credo «niceo-constantinopolitano», es aún de uso general en la iglesia católica de hoy en día; junto con el breve «credo de los apóstoles». Después de ese concilio, lo que los «tres capadocios» (de Capadocia, en Asia Menor), Basilio el Grande, Gre¬gorio Nacianceno y Gregorio de Nisa, habían elaborado se consideró la fórmula ortodoxa de la Trinidad: Trini¬dad = «un ser divino [sustancia, naturaleza] en tres personas» (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Fue conocida como la «Nueva Roma».

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