domingo, 10 de enero de 2010

LA IGLESIA CATOLICA IMPERIAL


SIGLO IV: Sucede el reconocimiento del cristianismo por parte del imperio romano, por un personaje que a su ves no era cristiano, conocido como CONSTANTINO, quien atribuyó al Dios de los cristianos y al signo de la cruz, que había visto en sueños la noche anterior, la victoria en la batalla decisiva que iba a llevarle al trono imperial.

AÑO 313 d.c, este maestro de la real politica junto con Licinio, también augusto, garantizó una libertad religiosa ilimitada para todo el imperio.

AÑO 315, se abolio el castigo de la crucifixion
AÑO 321, se introdujo el domingo como festividad oficial y se aceptó que la iglesia disfrutara de patrimonio.

En el año 325 Constantino se convirtio en emperador unico del imperio romano y tambien convocó el primer concilio ecuménico, que se celebró en su residencia de Nicea, en el este de Bizancio.

Con todo esto la iglesia tuvo la fortaleza necesaria para poder afrontar las epocas y lograr establecerse, entre tanto la iglesia caia en paradigmas muy bien encontrados por las personas que les interesaba el tema, por ejemplo, El presbítero alejandrino Arrio defendía ahora que el Hijo, Cristo, había sido creado antes de los tiempos, pero que aun así era una criatura. Arrio provocó una gran controversia que inicialmente sacudió los cimientos de la iglesia oriental. Cuando el emperador Constantino advirtió que una división ideológica amenazaba la unidad del imperio, que acababa de unificarse políticamente bajo su único mandato, convocó en 325 el concilio de Nicea. Todos los obispos del imperio podían, y de hecho así lo hicieron, utilizar el servicio postal imperial para asistir.

Pero era el emperador el que tenía la última palabra en el concilio; el obispo de Roma ni siquiera fue invitado. El emperador convocó el sínodo imperial, lo condujo a través de un obispo que él mismo había designado y mediante comisarios imperiales, convirtió las resoluciones del concilio en leyes estatales con su aprobación. Al mismo tiempo aprovechó la oportunidad para asimilar la organización de la iglesia a la organización del estado: las provincias eclesiales debían corresponderse con las pro¬vincias imperiales («diócesis»), cada una con un sínodo metropolitano y provincial (especialmente para la elec¬ción de obispos). Ideológicamente, el emperador recibía el apoyo de la «teología política» de su obispo de la corte, Eusebio de Cesárea.

Todo esto se traducía en que ahora el imperio dispo¬nía de una iglesia imperial. Y ya en el primer concilio ecuménico se le otorgó a esta iglesia imperial su credo ecuménico, que se convirtió en ley de la iglesia y del im-perio para todas las iglesias. Ahora todo quedaba progre¬sivamente dominado por el lema "Un Dios, un emperador, un imperio, una iglesia, una fe"

El presbítero alejandrino Arrio empieza a predicar hacia 320 una teología según la cual sólo Dios Padre es el único Dios y el Hijo es una criatura aunque no como todas las demás sino la más excelente de ellas. Arrio se inscribe dentro de una corriente teológica que se llama el Origenismo extremo o radical que nace en Alejandría durante los siglos I y II. El principal representante del Origenismo había sido en el siglo III el teólogo alejandrino Orígenes quien le da su nombre.

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